La Fibromialgia (FM) es una afección crónica que causa dolor musculoesquelético generalizado.  Esta afección forma parte de las enfermedades reumáticas de partes blandas, es decir, músculos, tendones y ligamentos. La etiopatogenia resulta hasta el momento, desconocida. Se cree que podría estar causada por una alteración en los procesos de control del dolor al nivel del sistema nervioso central (SNC). Muchos investigadores creen que la estimulación nerviosa repetida provoca cambios en el cerebro y médula espinal. Autores como Roberts Bennett, creen que hay dos procesos en torno a su desarrollo, el de origen central y el de origen periférico. Ambos mecanismos se solapan y se retroalimentan, y menciona que la excitabilidad periférica instiga la facilitación central, y así cuando se convierte en crónica condiciona el desarrollo de mecanismos neuroplásticos que darían lugar a un estado de hipersensibilidad, no solo físico, sino también emocional.

El cuadro clínico de la fibromialgia se expresa a través de una variada sintomatología. Los síntomas fundamentales son la fatiga y los problemas del sueño. Puede presentar a la vez síntomas como parestesias en manos, brazos, pies o piernas, rigidez articular, cefaleas, sensación de tumefacción en manos, dolor generalizado de espalda, ansiedad y depresión. También problemas de concentración y memoria. En los casos más graves, estos síntomas pueden aparecer al mismo tiempo, o pueden aparecer localmente, afectando más a unos miembros o zonas u otros. Lógicamente y, aunque en términos de los tratamientos convencionales no se atiende sino solo desde un abordaje psiquiátrico a los factores psicoemocionales, el dolor crónico sostenido o intenso y el cansancio diario provocan un estado anímico cada vez más bajo produciéndose una retroalimentación constante entre un estado psicoemocional negativo que es productor al mismo tiempo de toxinas, debido al aumento de cortisol, que se van acumulando en músculos y articulaciones  produciendo dolor continúo.

El diagnóstico de fibromialgia se da más en mujeres que en hombres y en estas, más en las fases de perimenopausia y menopausia. Esto se debe a la diferente estructura osteomuscular de los hombres, más fuerte y densa que en las mujeres, a pesar de la disminución de la testosterona en los primeros. En las mujeres, sin embargo, la bajada hormonal es más fuerte propiciando pérdida de la masas ósea y muscular.

Su curso es crónico con variación en la intensidad de los síntomas a lo largo del tiempo. Existen factores agravantes de la enfermedad como el frio, los cambios de estación o climatológicos, las situaciones de vida estresantes o conflictivas, la falta de ejercicio, una nutrición demasiado abundante en carne, harinas refinadas o azúcares, es decir, todos los alimentos pro inflamatorios.

El dolor músculo esquelético generalizado y continuo, junto a las alteraciones del sueño y a la fatiga constante, provocan un estado anímico cada vez más negativo. La misma alteración en las fases del sueño, desregulan muchas funciones del cuerpo, entre ellas el sistema inmunológico y el sistema nervioso.

La misma expresión del diagnóstico “fibromialgia” produce ya una reacción negativa en las personas ya que en la mayoría de los casos los médicos ya les dicen que no hay un tratamiento eficaz, o que solo hay un tratamiento paliativo de medicación analgésica, antinflamatoria y psiquiátrica. El mismo hecho de enfrentarse a ese estado de por vida, dolor, cansancio, insomnio, etc.…sin cura, produce un efecto psicológico adverso sobre la persona.

Ocurre el hecho contrario, la esperanza de posibles abordajes desde varios frentes distintos produce una esperanza benefactora a nivel psicológico que evidentemente produce efectos positivos a nivel físico ya que este sustrato está en la base del abordaje basado en la interrelación cuerpo-mente

El tratamiento de la medicina convencional se basa fundamentalmente en la administración de analgésicos y relajantes musculares. Los más comunes, aprobados por la FDA son la duloxetina, el milnacipran y la pregabalina. Su función es ajustar las sustancias químicas del cerebro para aliviar el dolor generalizado.  En la mayoría de los casos también son recetados los opioides para dormir. Sin embargo, los resultados no son positivos y la mayoría de las personas siguen con la misma sintomatología, siendo que incluso su estado anímico empeora debido al estado demasiado sedante de la medicación que las imposibilita una actividad y una dinámica normalizada.

La medicina integrativa aborda la fibromialgia desde muchos puntos de vista que se complementan. Técnicas terapéuticas como la fisioterapia, la osteopatía o la acupuntura, entre otras, ayudan a aliviar los síntomas. En nuestro centro, el abordaje puede ser con algunas o todas las siguientes técnicas terapéuticas según cada caso. La acupuntura, por ejemplo, se emplea con dos objetivos, para tratamiento local del dolor y también para mejorar el estado anímico, la ansiedad y la depresión. Las prácticas de ejercicio físico de bajo impacto como el pilates y las prácticas físicas denominadas de cuerpo-mente como el tai chi, el chi kung y el yoga, son especialmente recomendables ya que actúan de forma integral sobre ambos planos constitutivos del ser humano, especialmente el yoga que incluye técnicas respiratorias y meditaciones, lo que ayuda a oxigenar el cuerpo y a mantener un equilibrio psicoemocional equilibrado.  

Un tratamiento que da muy buenos resultados en fibromialgia es la ozonoterapia, ya que es una terapia oxigenativa que actúa beneficiosamente sobre estados inflamatorios de carácter sistémico. También es conveniente hacer un tratamiento depurativo y, puede ser interesante la quelación para eliminar los metales pesados del organismo que cada vez está más demostrado que intoxican nuestro cuerpo a través de muchas vías y puede tener una incidencia determinante en la fibromialgia. Y, abarcando la totalidad del ser humano, Reiki actúa sobre las dolencias físicas, el sistema neuronal y nervioso y profundamente sobre la mente, beneficiando enormemente el aspecto psicoemocional otorgando una mejor predisposición anímica, reforzando la autoestima y la fortaleza interior, así como reforzando todos los aspectos y habilidades mentales y mejorando el sueño.

Es importante tener en cuenta la alimentación, especialmente en cuanto a la disminución del consumo de carne, ya que es un alimento pro inflamatorio. También sería conveniente observar las intolerancias que pueden estar propiciando estados inflamatorios como  gluten, trigo, leche y  lactosa. También sería importante la suplementación con algunos aminoácidos como Omega 3 o taurina, entre otros.

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