En estos días tumultuosos que corren, en los que está expuesto el exterminio de todo un pueblo quebrándose no solo todas las legislaciones sobre derechos humanos que se establecieron después del horror de las dos guerras mundiales para que no volviera a suceder el salvajismo y la crueldad llevada a cabo sobre continentes enteros y sobre razas y etnias específicas, y, a punto de estallar una tercera guerra mundial, incluso de carácter nuclear, uno de los pensamientos que nos invaden a muchos es que el ser humano no aprende nunca nada, o al menos una gran mayoría.

El avance de tanta tecnología parece solo haber servido para construir armas hiper poderosas y asombrosas para el común de los mortales y que debían llevar años y años de investigación y desarrollo, lugares gigantescos de almacenamiento y millones de inversión de recursos económicos con los impuestos de millones de ciudadanos de todo el mundo que creíamos invertir en una sociedad mejor, más igualitaria y más justa. Esto contrasta con que en los últimos decenios la miseria y la pobreza no ha hecho más qjue avanzar en el mundo. Que la tecnología no ha servido para configurar un mundo mejor y que el desconocimiento del ser humano sobre sí mismo, sus cualidades, sus potencialidades y su propósito de vida ha sido aparentemente, olvidado. En un mundo donde la Inteligencia artificial (curioso llamarle así, como si fuera infinitamente mejor que las diversas inteligencias humanas y cuando ni siquiera hemos explorado las infinitas y maravillosas potencialidades del cuerpo y la Mente humanas…) se está potenciando como si fuera la solución a todos nuestros males, en un mundo en el que en las últimas décadas la tecnología no ha hecho que las guerras no hayan dejado de aumentar, ni la miseria ni la crueldad humana, sino que ha sucedido todo lo contrario, debemos acudir a las sabidurías más antiguas y a los grandes maestros que nos ayuden a repensarnos como seres humanos ¿Qué es ser humano? ¿Qué es la Humanidad? ¿Qué supone ser Ser humano? ¿Qué responsabilidades nos corresponden respecto a nosotros mismos y a los demás?

Acudimos a un ejemplo de entre ellos, ya que hemos publicado su libro en nuestra sección correspondiente: Zen y el arte de cambiar el mundo de Tihch Nhat Hanh. Monje budista de origen vietnamita, es internacionalmente conocido como activista por la Paz y que trabajó en un momento determinado de la historia junto a Martin Luther King, otro activista por la Paz, en los tiempos duros de la Guerra de Vietnam y de la segregación racial en USA.

Del libro mencionado, extraemos un apartado que nos parece fundamental sobre la idea del Inconsciente colectivo, capítulo «La consciencia colectiva es un alimento»:

Existe el alimento de la «volición» y el alimento de las «impresiones sensoriales». El tercer tipo de alimento del que habló Buda es la consciencia. Podemos hablar de una consciencia individual y de una consciencia colectiva. La individual está hecha de la colectiva, y la colectiva está hecha de la individual: interson. Nuestra consciencia individual está hecha de la colectiva. Por ejemplo, el miedo y la ira que hay en nosotros son individuales, pero también reflejan de algún modo el miedo y la ira de la sociedad. Supón que algo te parece hermoso. No es porque sea hermoso en sí sino porque la consciencia colectiva lo considera hermoso. La consciencia individual y la consciencia colectiva que consumimos a diario son muy reales.

Los pensamientos, las sensaciones y los estados de la mente pueden ser considerados un tipo de alimento que entran en nuestro cuerpo y mente. Si nos sentamos y dejamos que surjan el sufrimiento o la tristeza y las rumiamos una y otra vez, como hacen los rumiantes con el bolo alimenticio, la consciencia puede convertirse en un alimento no beneficioso. Pero con la energía de la plena consciencia podemos entrenarnos en cuidar nuestros pensamientos con la atención apropiada, de forma que nos dirijamos hacia la comprensión, la compasión y la libertad. Podemos elegir cuándo es apropiado poner la atención en ciertos tipos de pensamientos. Nuestra consciencia es una fuente de alimento y, gracias a la plena consciencia podemos elegir qué alimentos sabemos que nos alimentará y nos ayudará a crecer.

Si vemos a un amigo sumido en sus pensamientos, arrastrado por ellos, con un rostro lleno de ansiedad y tristeza, sabemos que está ahogándose en el pensamiento o en una sensación de pena y dolor. Se trata de «atención inapropiada». En esos momentos, debemos acudir en su ayuda. Ponemos la mano en el hombro de ese amigo, de esa amiga, y le decimos «¿En que estás pensando? Es un día hermoso, vayamos a caminar». Ayudamos a ese amigo a dejar de consumir alimento no beneficioso de la consciencia. No dejamos que siga sentado rumiando sus pensamientos. Quien pueda beneficiarse de una zona de energía positiva con buenos amigos empezará a sentirse mejor, y día a día se sentirá nutrido y transformado.

Lo mismo ocurre con la energía negativa de la consciencia colectiva. Cuando el miedo y la ira se vuelven colectivos, puede ser muy peligroso. Puedes sentir el mismo miedo y alarma que los demás y ser arrastrado por esa energía colectiva. Por eso es muy importante buscar un entorno donde recibas la consciencia de una energía positiva saludable, clara. Muchos recibimos la influencia del pensamiento de nuestro entorno. Por ejemplo, durante la guerra de Irak de 2004, el 80 % de los estadounidenses creían que se trataba de una guerra justa, mientras que solo el 35% de los británicos lo creían. Todo un país puede quedar encerrado en una noción, una idea, un sentimiento. Los medios de comunicación, el complejo industrial militar, todos esos elementos pueden crear una prisión para nosotros, para que sigamos pensando de la misma manera y actuando de la misma manera.

¿Quién puede ayudarnos a salir de esa prisión de visiones y sentimientos, de la prisión de la consciencia colectiva? Tú, ya seas artista, escritor, periodista, cineasta, activista o una persona que practica, debes generar tu propia visión profunda. Ayudas al buda en ti a manifestarse, y te expresas a la luz de la verdad. Aunque la mayoría no haya visto la verdad que tú ves, cuentas con el valor suficiente para seguir adelante. Una minoría que ha visto la verdad puede transformar toda la situación.»

Tich Nhat Hanh.

Zen y el arte de cambiar el mundo. 2022

La consciencia colectiva es un alimento. Pág. 166

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