¿Comerías algún alimento que contuviese fenoxietanol, parafina, dimeticona, aluminio o acrilato? Esta es solo una minúscula lista de los numerosos componentes tóxicos que contienen los productos cosméticos convencionales y que se introducen en nuestro cuerpo a través de la piel. Muchos de ellos son derivados del petróleo.
La piel, esta no es solo un simple envoltorio del cuerpo sino un órgano que cumple una importante función vital. La piel juega, por una parte, un papel protector actuando como una barrera entre nuestro organismo y el medio externo. Actúa como parte del sistema defensivo evitando las agresiones de los microorganismos y, por otra parte, es un elemento primordial del sistema depurativo interviniendo en la eliminación de una parte de las toxinas que acumulamos.
Es decir, que si sobre la piel añadimos las sustancias dañinas que mencionamos al principio lo que estamos haciendo es taponar un mecanismo a través del cual no eliminaremos toxinas sino que acumularemos más, y estaremos contribuyendo a degradar este sistema barrera. Esta es una de las razones por las que nuestros cuerpos responden cada vez más con un mayor número de alergias.
Si la sociedad actual ha ido adquiriendo progresivamente una mayor preocupación por el cuidado de la salud desde diferentes aspectos, es fundamental conocer qué introducimos en nuestro cuerpo a través de un sistema orgánico tan fundamental al que agredimos muy libremente, quizás con la frivolidad propia de la que hasta ahora ha hecho gala el mundo de la cosmética.
En los últimos años parece estar resurgiendo afortunadamente la conciencia del respeto por todo lo natural, tanto en lo que se relaciona con nuestro entorno como en lo concerniente a nuestra salud. Y asimismo con respecto a la interacción entre ambos. De esta forma, asistimos a una revalorización de la nutrición, del cuidado del medio ambiente, de las prácticas relajantes y meditativas y de los métodos terapéuticos de las terapias naturales.
Entonces, como vemos, en la cosmética natural se aúnan salud, ecología y estética. ¡Fantástico¡ Podemos estar bellas y bellos siendo conscientes de que además estamos mimando nuestro cuerpo y nuestro planeta.
Pero…¡hay que estar alerta¡ ¡No todo vale¡ Teniendo en cuenta la presencia e influencia de la estética y de la cosmética en la actualidad y si queremos atender adecuadamente a nuestra salud hay que estar al tanto de lo que no atenta ocultamente contra esta. La mala práctica del greenwashing o lavado de imagen ecológico es muy habitual entre las grandes compañías. En la publicidad podemos leer “orgánico”, “bio” o “natural”, pero, sin embargo, estas denominaciones no significan nada en España ni en Europa donde aún hay poca protección legal al respecto y no hay una normativa clara para la producción de estos productos. Los llamados “falsos naturales” esconden fórmulas repletas de sustancias peligrosas para la salud incluso en marcas que se venden específicamente como “cosmética natural”.
A día de hoy, la única guía que nos puede orientar es, o conocer directamente la filosofía y los métodos de cultivo, extracción y producción de cada marca y los componentes de sus productos o tener una información básica para adquirir productos de la denominada “cosmética natural u orgánica”. Eso es lo que pretendemos hacer en este post. Confiamos en que os sirva¡
Para empezar…las marcas deben atender a procesos de producción sostenible desde el principio. Deben contener al menos un 95% de ingredientes naturales o deben acreditarse con certificados reconocidos como el BDIH alemán, Cosmos, Natrue europeo, Ecocert francés, el Icea italiano, La Soil Association inglesa o el control IMO español, entre otros. El problema aquí es que hay muchos sellos con sus diferentes requerimientos, pero hoy por hoy es la opción más segura.
Además, otros datos que os pueden servir de guía son:
Por si alguien solo utiliza la lista de ingredientes INCI (International Nomenclature Ingredient Cosmetic), listado de ingredientes cosméticos, de uso obligatorio en la Unión Europea desde 1998 y en EEUU, desde los años 80, ya os decimos que esto solo no basta ya que la ley no obliga a especificar aquí las sustancias tóxicas que se adhieren a la base durante el proceso de extracción o fabricación.
También, fíjate en el etiquetaje. Los ingredientes que componen el producto se ordenan de mayor a menor cantidad. Los primeros y en mayor cantidad deben ser los naturales y, a ser posible, no procesados. Por ejemplo, si los ingredientes que aparecen en los primeros puestos son del tipo «Capril/caprilate», «capril caprate triglyceride», «coco caprate» o «palmitate», o “sodium olivate” o “sodium cocoate”, es que son ingredientes refinados de lo que resulta que tienes entre manos un producto en el que se busca más la rentabilidad económica que la calidad y sus propiedades van a ser prácticamente nulas aparte de más nocivas.
Hay mucha desinformación sobre lo auténticamente beneficioso para la piel o, lo que es lo mismo, sobre lo que es auténticamente “natural” u “orgánico”. Respecto a esto, otro ejemplo, los ingredientes que son oclusivos para la piel, es decir, que no la dejan ser porosa, o aquellos que son altamente tóxicos aunque se incluyan en pequeñas cantidades, como los famosos parabenos. Entre los primeros hay que prestar atención a las ceras y glicerinas, permitidas en formulaciones naturales, pero ligeramente oclusivas. Lo mismo ocurre con los aceites minerales o, claro está, con los derivados del petróleo. Ninguno de estos componentes dejan a la piel respirar ni ejecutar las funciones mencionadas al principio.
Y atención a los PEG, que son una mezcla de sustancias químicas que se absorben por la piel y llegan a diversos órganos. Se utilizan como base para productos cosméticos y los puedes ver como lauril sulfato de sodio o el lauril éter sulfato de sodio (sodium lauryl sulphate o sodium laureth sulphate en las etiquetas). Estas sustancias no solo pueden irritar la piel sino aún peor, pueden aumentar la permeabilidad frente a otros tóxicos.
Los productos naturales tampoco deben contener filtros químicos, abundantes en las cremas solares y que ya están empezando a ser prohibidos en algunos países. Los filtros deben ser minerales para que no penetren en la piel ofreciendo sin embargo una protección segura. Por supuesto, ningún producto que se precie como verdaderamente orgánico debe contener metales como elplomo o el aluminio. Ni parafinas, ni acrilatos.
¿Cómo podrás saber además que estás comprando un cosmético natural seguro? Te damos otras pautas para reconocerlo.
Debe estar basado en una formulación de agua y aceites vegetales mezclados con principios activos como vitaminas, antioxidantes y sustancias hidratantes o nutritivas, o en su caso filtros físicos, desodorantes o sustancias lavantes.
Los ingredientes de origen vegetal aparecen con su nombre botánico (género y especie en latín) ordenados de mayor a menor según su concentración. O sea que el producto será más beneficioso según si estos ocupan los primeros puestos de la lista. A continuación del nombre se especificará la forma en la que se utilizan, aqua (water si es destilado), extract (extracto), oil (aceite), butter (manteca) o wax (cera). Además, ofrece más garantía si el fabricante indica que los ingredientes utilizados proceden de la agricultura ecológica.
Por último, hay que tener en cuenta que los productos naturales, al estar compuestos de ingredientes vegetales concentrados no solo son más eficaces y sanos para nuestro cuerpo sino que resultan más económicos porque también son más duraderos.
Quizás nos hemos excedido de extensión en este post, pero creemos que vale la pena avanzar en el conocimiento de cómo cuidar nuestra salud desde fuera ya que quizás la coquetería y el cuidado estético asociados a la apabullante y atrayente publicidad nos han hecho olvidar que nuestra piel no es solo una pared para pintar, no es solo un tejido inerte que resulta ajeno a cualquier agresión. Es nuestra delicada y fuerte muralla defensiva y desintoxicante.