Actualmente parece que lo que comúnmente se conoce por depresión está mostrando un porcentaje cada vez más elevado de casos en la población. Esto se ha constatado de manera notable además después de la pandemia del Covid, afectando incluso desde edades muy tempranas. De hecho, el mismo Gobierno ha publicado los datos de los últimos años sobre aumento progresivo de suicidios en la adolescencia.
Además, hay un hecho perjudicial que podemos observar que está ocurriendo. En el uso del lenguaje común hay una dirección negativa persistente y normalizada con expresiones como “estrés”, “ansiedad” y “depresión”, incluso en el ámbito familiar, como un estado mental que forma parte ya de nuestra realidad cotidiana y que asumimos con normalidad. Los estudios de neurociencia actuales nos muestran hoy en día lo que ya las más antiguas sabidurías decían: la incidencia negativa del lenguaje en nuestro estado emocional. Nuestra realidad puede ser construida literalmente tanto en sentido positivo como negativo. De lo que se deduce que esta normalización actual de estos estados mentales negativos no solo determinan y aquilatan nuestro estado cotidiano, sino también el de toda la colectividad. Es necesario prestar atención a esto¡
Asimismo, otros hechos o costumbres actuales como el uso de las redes sociales, la constante pérdida de la intercomunicación social personal, la presión constante en los ambientes laborales, educativos y familiares de que hay que estar siempre dinámicos, competitivos, perfectos, poderosos, en marcha o movimiento, la noción de que es más eficaz el que más dinámico es, la desvaloración del silencio, las prácticas meditativas o el ocio saludable, y la constante deshumanización de la sociedad, realmente nos han empujado a enfrentarnos a nuestra verdadera naturaleza, la quietud.
De esta forma, en la actualidad, a las causas tradicionales más acordes con la naturaleza humana que se estudiaron como generadoras de los trastornos depresivos se han unido las que señalamos anteriormente en relación con la evolución de la sociedad.
Los síntomas siguen siendo los mismos: tristeza, cansancio físico y mental, desgana absoluta incluso de seguir viviendo o de cuidar a los hijos, angustia y ansiedad, como los más notables.
Como todas las alteraciones del estado psicológico, el diagnóstico solo se hace si el estado se alarga en el tiempo y entorpece la actividad diaria. Se considera que, entre sus posibles causas, se hayan: genética (aunque en la actualidad la epigenética está demostrando que la influencia de los genes tiene un porcentaje mínimo de influencia tanto en la salud mental como física y que los factores externos que podemos adoptar son los que verdaderamente influyen en nuestro cuerpo y estado mental), los cambios en las concentraciones de neurotransmisores, la disfunción neuroendocrina y los factores psicosociales.
El diagnóstico se hace con la anamnesis. El tratamiento convencional se hace con fármacos y psicoterapia. Si el cuadro es grave y no responde al tratamiento se contempla el recurrir a la terapia electroconvulsiva.
La clasificación de los trastornos depresivos es la siguiente:
– Trastorno depresivo mayor o simplemente depresión
– Trastorno depresivo persistente o distimia
– Otro trastorno depresivo especificado o no especificado.
También se pueden clasificar por la etiología:
– Trastorno disfórico premenstrual
– Trastorno depresivo debido a otra enfermedad
– Trastorno depresivo inducido por fármacos u otras sustancias.
Cuando se sufren grandes decepciones o pérdidas de objetos o seres queridos, se instala un estado que llamamos depresión, que no se debe confundir con el trastorno depresivo. Que difiere en que:
Ocurren en oleadas que tienden a estar asociados a pensamientos que recuerden el hecho causante. Se resuelven cuando las circunstancias o los eventos mejoran
Se pueden intercalar con períodos de emoción positiva y humor
No están acompañados por sentimientos generalizados de inutilidad y autodesprecio
Otra cuestión es que las pérdidas o eventos estresantes terminen por provocar un episodio depresivo mayor.
Como señalamos más arriba los síntomas psicológicos son: tristeza, desgana, angustia, miedos, cansancio mental, rumiación o pensamientos obsesivos negativos, entre otros.
Entre los correlatos físicos o síntomas físicos asociados y en relación con los psicológicos acabados de mencionar, se señalan: dolores de cabeza, inestabilidad, insomnio o trastornos del sueño, sensación de ahogo en la garganta y/o en el pecho, sensación de ahogo o presión en el pecho, taquicardias o palpitaciones, malestares digestivos y opresión en el plexo solar, entre los más comunes.
Cuando actuamos con Reiki en nuestro centro utilizamos prioritariamente la técnica denominada Sei Heki. Con esta técnica se actúa eliminando progresivamente uno por uno aquellos síntomas psicológicos o anímicos que el paciente expresa que le causan más dolor e interferencia en su vida. Para ello, se acuerda con el paciente un listado de mayor a menor sufrimiento y se hacen varias sesiones donde se trabaja sobre el mismo tema. Cuando el primer tema expresado queda eliminado al 100%, se pasa al segundo asunto o dolor emocional de la lista y así sucesivamente, aunque, en ocasiones, con la eliminación del primer asunto desaparece a veces el segundo y se pasa al tercero. Durante el tratamiento, todos los días que se atiende, hay una conversación previa con el paciente de forma que se determine en cada momento la evolución y cualquier posible redireccionamiento en la estrategia terapéutica.
Por ejemplo, generalmente, la mayoría de los pacientes con depresión designan como primeros temas a tratar la desgana, ya que esto conlleva una desidia absoluta sobre su vida personal y laboral y les hace no sentirse siquiera capaces de responsabilizarse de las personas de la familia. También refieren ansiedad.
Antes de iniciar la técnica Sei heki, se tratan siempre las tres posiciones de la cabeza ya que se actúa sobre el sistema neuronal, sistema nervioso central, equilibrio de los sistemas simpático y parasimpático (equilibrio de razón-emoción), rumiación, trastornos del sueño, y sobre todos los aspectos de la mente (burda y sutil) y sobre la regularización de todos los sistemas orgánicos tratando las glándulas más importantes como la pineal y la hipófisis. De esta forma, no solo se va logrando quietud mental en todos sus aspectos, sino restauración de las características psicoemocionales más brillantes de cada ser humano. Tratar la cabeza significa también tratar nuestro ser más profundo, nuestra esencia, yo interior, alma o espíritu, según cada uno lo quiera denominar
Mientras se lleva a cabo el tratamiento con Sei heki, se tratan todos los centros energéticos y orgánicos principales asociados con los estados emocionales fundamentales, tratando durante más tiempo aquellas zonas que se requieren más para cada caso según el correlato físico señalado por el paciente y/o por el estado emocional o sentimiento negativo y doloroso que predomine (inseguridad, baja autoestima, incomunicación social, decepción, frustración, rencor, miedo, angustia, falta de fortaleza interior, resentimiento, culpabilidad, tristeza…).
Progresivamente, el síntoma físico se va aliviando y el estado emocional correspondiente también. No olvidemos que la neurociencia está constatando actualmente lo que antiguas sabidurías expresaron hace milenios, la interrelación constante y estrecha de tres centros vitales, cerebro-corazón-intestino.
Recordemos aquí que Reiki es una terapia energética de las clasificadas como de biocampo. De esta manera, como otras terapias energéticas constatadas, por ejemplo, la biorresonancia o las mismas Flores de Bach (solo por citar algunas más conocidas) actúan corrigiendo progresivamente las alteraciones que se hayan producido en las frecuencias de cada elemento del organismo, devolviendo a estas su corrección energética. Todo en el Universo es energía y nuestro cuerpo es un fiel reflejo (espejo) del mismo. De esta manera, desde cada célula hasta cada uno de nuestros pensamientos y todo el conjunto de nuestro organismo tiene su propia energía. Y cuerpo y mente (entendiendo aquí mente en el término más extenso del concepto) están absolutamente interrelacionados.
En los 12 años que llevamos tratando con Reiki a personas con depresión, podemos evidenciar que los resultados han sido beneficiosos en más del 90% de los casos, mejorando notablemente el tratamiento psiquiátrico correspondiente y pudiendo incluso rebajar la medicación, lo que a su vez potencia que las personas vayan adquiriendo una mayor vitalidad física y anímica.
Indicamos una selección de artículos de la prestigiosa compilación médica Pubmed para ampliar información:
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38872168
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25835541
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30578633
Isabel Pesquera
Maestra Shihan de Reiki